Hace un tiempo, cuando me disponía a volver a mi casa después de 6 horas estudiando, pasaba por una guardería. De allí comenzaron a salir niños no más de 3 años con sus respectivas madres, a las cuales estaban contando felices todo lo que había hecho en el día.
De pronto, me fije en una madre y un hijo. La madre comenzó a gritarle y zarandear al pequeño porque se había manchado la ropa jugando. El chico estaba callado y cabizbajo. La madre le reprendía con cosas tales como “yo soy la que me esfuerzo en lavarte la ropa”, “cada día ensucias una ropa nueva”, “deberías tener más cuidado”, argumentos que un niño de apenas 3 años, no podía entender, él solo quería jugar y pasarlo bien con sus amigos, sin pensar en qué consecuencia le traería eso.
Al igual que esa situación, también he podido comprobar situaciones contrarias, en las que el hijo gritaba al padre/madre, sea por cual fuese la razón, que en la mayoría solo son por tonterías sin importancia.
A veces, las personas, no apreciamos los regalos que nos da la vida tales como un padre, una madre o un hijo por ejemplo. Regalos así son más valiosos que cualquier otro y por eso debemos cuidarlos y tratarlos con el cariño y respeto que merecen.


Cosas que no nos daremos cuenta de lo importante que son hasta que dejemos de tenerlas...
ResponderEliminarDeberíamos ver más allá de la persona en sí, pensar cuan de importante es para nosotros y pensar nuestras palabras y actos antes de decir/hacer nada que haga que nos arrepintamos.
ResponderEliminarYo creo que a esa edad todavía no se tiene conciencia para valorar nada, los niños tan solo son (y serán en el futuro) lo que los padres les han enseñado a ser, en ellos recae la responsabilidad de que sean mejores o peores personas cuando crezcan.
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